Con Fernando D’Amico al frente, la escuela se transforma en un lugar de pura diversión y fascinación para todos los niños.

Su larga y dilatada carrera como jugador profesional de élite, sumada a la experiencia de más de diez años trabajando con niños y al extraordinario carácter y sinfonía que tiene con ellos, le acreditan como uno de los mejores formadores que existen.

Una filosofía plagada de valores y gestos con todos los alumnos que potencia la autoestima, el compañerismo, el respeto, educación, trabajo en equipo, el reconocimiento de cualidades propias y ajenas, el apoyo al compañero y el aprendizaje de una técnica exquisita.