El fuego sagrado. Parte 3

La alegría de entrenar sin presión, la confianza de tu entrenador y el apoyo incondicional de tu familia hacen que en el momento de jugar al fútbol el tiempo se detenga, tu mente este tranquila y tu corazón contento.

 

Mi mellizo duro un año en Velez, era demasiado castigo entrenar como un profesional y encima sin su hermano querido. La presión se devoraba a la alegría. 


Con 14 años los mellizos DAmico se unieron nuevamente en el romántico All Boys, juntos nos sentíamos pletóricos y alegres, disfrutando de lo que mas nos gustaba, jugar a la pelota.


Con 16 años Patricio era convocado a jugar en el filial del primer equipo, daría un salto enorme en su carrera deportiva, donde el segundo equipo en argentina juega justo antes del primero, cuestión de irse acostumbrando a la pasión del fútbol Argentino, publico eufórico y apasionado preparándose para alentar a su club hasta la muerte.

 

En un partido contra Tigre en el que estaba convocado Patricio , nos comunican cuando llegamos al estadio que un jugador había faltado y que tendría que reemplazarlo. Oportunidades como esa había que aprovecharlas. Era mi momento.....

 

Nunca sentí presión para jugar al fútbol, el merito es de mis padres siempre positivos, comprensivos y dándonos mucha confianza.

 

Ingrese la segunda parte como si estaba jugando en el patio del colegio, a partir de ese instante nos subieron a los dos hermanos a entrenar con el primer equipo. 

 

Gracias al desparpajo, la garra y la pasión integramos el equipo campeón de primera división.

Patricio jugo varios partidos, era la promesa del equipo de Floresta.

Ver a tu mellizo dar la vuelta olímpica desde los tablones del estadio de Ferrocarril Oeste con 15000 personas gritando por All Boys introdujo en mis venas para siempre los colores blanquinegros.

 

Con 17 años debute en primera división, me toco en unos de los clásicos mas calientes y competitivos que conozco. All Boys-Nueva Chicago, la cancha explotaba, el vestuario vibraba por los cánticos de las hinchadas. Cuando salimos al campo de juego (mejores recibimientos del futbol Argentino), parecía que estaba en una nube, papelitos por todos lados, fuegos artificiales y mucho humo. Llegamos al medio campo y levantando los brazos saludando a la hinchada me di cuenta donde estaba !

 

Concentrado me pare en la medular, manos en jarra preparado para la acción, el arbitro pita el inicio del partido y el primer balón que recibo lo entrego al contrario, siento un murmullo en la grada, no pienso, acelero como a mil para recuperar la pelota, paso al rival como con una moto, recupero la pelota y la hinchada me ovaciona. El fuego sagrado quemaba mi pecho, era dinamita, los siguientes 45 minutos fueron impresionantes.

 

Las hinchadas cantaban y cantaban animando a los equipos.

 

El pibe DAmico no se achicaría ante este gran reto, a los 15 minutos un jugador de Nueva Chicago me da un codazo y sale expulsado. Estaba en mi salsa, recuperaba balones, caía, me levantaba, luchaba, vivía el derbi como si estaba en el jardín de mi casa jugando un 1 contra 1 con mi mellizo Patricio.

El el minutos 44 voy a buscar una pelota que había salido de banda y nuevamente un jugador del equipo contrario forcejea conmigo, me da un cabezazo, caigo al suelo y el arbitro nos saca tarjeta roja a los dos, era demasiado dejar con 9 jugadores a Nueva Chicago y a All Boys con 11. 

 

Me dirijo al vestuario con rabia y tristeza. Mi tristeza no tenía fin, de repente abren la puerta del vestuario, eran los compañeros, había finalizado la primera parte, me consuelan felicitándome por la actitud mostrada en mi debut. 

 

El Pibe era valiente, atrevido, tenia el fuego sagrado y como dijo Abraham Lincoln, solo en la prueba de fuego se sabe que el acero es real ......